Señor, nos has hecho recorrer en esta vida por
decisiones, elecciones, preferencias, prioridades. Como Dios Padre para con sus
hijos, has sabido desde siempre, siendo nosotros los que hemos quedado
expuestos a tanto que nunca se habría creído que algunos desenlaces o hechos,
habría formado parte de nuestra realidad.
Hay algunos depósitos en nuestras vidas a
consecuencias del pecado que, estimulados, entretenidos se transformaron en
esos errores en diferentes dimensiones que afectan en instancias a grandes multitudes,
unos cuantos allegados y en instancias a una horrenda autodestrucción.
Y de esos lugares secos en la que se ha transitado, es
que surge el interrogante, ¿cómo se ha podido o se ha llegado a ese estado?
Aquellos que caminaron fervorosos y gozosos contigo,
por un idilio ya haya sido esta en lo que fuese, y el primer amor fue puesto a
un lado, reemplazado.
Lo maravilloso de todo aquel declive, es que Tu amor
nos alcanza y Tu Espíritu habla a los corazones para que vuelvan a la cordura,
reconozcan sus errores y arrepentidos busquen de Ti.
Pero en esos momentos perdidos hay grandes castigos,
ya que para algunos volver al camino representa abandonarlo todo, sí aquello
que creyeron que era de mayor valor por la que te abandonaron. Ese encanto
traidor, esa mística del mal, esa alucinación en el desierto del abandono
espiritual tiene sus garras, tiene sus tentáculos; que tratará de deshacer todo
cuanto pueda para que no quede oportunidad de poder volver a levantarse.
Cada y todo dardo lanzado por el enemigo ha sido con
la finalidad de matar, destruir a los hijos de Dios, empero para todo creyente
hay un clamor de Jesús sobre sus vidas, lo impartió sobre sus discípulos, al
igual es para con su pueblo:
No ruego que los quites del mundo, sino que los
guardes del mal.
No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.
Santifícalos en tu verdad: Tu Palabra es Verdad (Juan
17:15- 17).
Cada oportunidad que divaga una oveja de su pastor,
esta se convierte en presa fácil para su atacante. Igual es cuando el creyente
sale de su cobertura espiritual y merodea en este mundo entretenido con aquello
que lo aleja de su Salvador y en donde todo encuentro que tendrá será con mayor
intensidad para aniquilarlo, si les fuese posible.
La libertad de escogencia es una gran bendición,
empero, al igual resulta de gran peligro cuando no se permanece avisado con las
artimañas del enemigo y se es arrastrado por esas corrientes del mal que
siempre están al asecho buscando su presa.
Cuán grande responsabilidad reposa sobre todo creyente
de no permitir que cosas ilusorias cándidamente se acerquen por no estar
velando y orando, por creer que está firme o libre de esas asechanzas.
Así que el que piensa estar firme, mire que no caiga.
No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana;
pero fiel es Dios, que no nos dejará ser probados más de lo que podéis
resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que
podáis soportarla (1 Corintios 10:12- 13).
Casi siempre los accidentes ocurren por descuido, al
igual podemos agregar por confiados, y se baja la actitud de alerta, se
adormece o se deambula cuando avisados se debe permanecer.
En una jungla, al igual se debe proceder con extrema
cautela, ya que seguro no se está del cuando se tendrá un encuentro con arena
movediza. Y esta silenciosamente espera, y en muchas ocasiones por el exceso de
confiados en un lugar que deberían mantenerse precavidos, caen en terrenos que
los pueden devorar.
Ningún conductor puede conducir con los ojos cerrados,
se requiere del sentido de la vista para poder transitar. Para el creyente un
momento de desmayo es lo único que se requiere para que acontezca un grave
accidente. Porque para poder apreciar e identificar la salida que tiene el
Señor para salir de cualquiera y toda situación se tiene que mantener vigilante
en los propósitos santos del Omnipotente, en el cual nunca hay, ni habrá decepción
y glorificará al que se sirve.