Habitar (morar o vivir) bajo el amparo de Dios, no
es el privilegio de algunos, empero, para allí estar no se logra bajo las
pautas o preceptos humanos, esto se logra obrando o haciendo conforme a lo que
dictamina el Señor.
Todo aquél que hace su
morada o habita en Dios, lo ha confesado como su Señor, mora bajo su sombra,
esa protección o amparo santo, divino.
Por ende, para aquél hay esperanza y habita en confianza que será
librado de todo aquello que se ha de presentar y pueda presentarse. Ya que el
amparo de Dios obra tanto como en lo espiritual y físico. Tenemos eterno escudo
y protección en Él.
No hay nada que pueda
presentarse de día ni de noche vinculado con el mal que podrá infundir temor.
Cualquiera y toda situación contraria a una bendición son atendidos por el
poder de Dios en nuestras vidas, y de allí saldremos airosos a través de su
poder.
El habitante en el Señor
verá la destrucción del mal, verá la ruina y la caída de ellos. Y en medio de
ese juicio Dios guardará a los suyos, y ni el mal de ellos, ni aquello que les
acontece afectará al pueblo de Dios.
El Señor promete que con
nuestros propios ojos veremos, podremos apreciar, identificar la recompensa o
el juicio que le sobrevendrá al que habita en el mal.
Habitando con el Señor,
viviendo con Él, teniéndolo como absoluta esperanza; cuando haya esas
inundaciones de mal y plagas, promete el Señor que no seremos afectados por
ella, ya que resguardados o seguros estamos en Él.
Sus ángeles junto a los
fieles están para guardarlos en todos sus pasos. Guiados para no tropezar, caer
en las redes del enemigo. Guardados para poder caminar sobre toda amenaza por
el poder de Dios, por más peligrosa o desafiante que esta fuese.
Porque se depositó en el
Señor nuestro primer amor, ese amor que lo ha puesto sobre todas las cosas; la
promesa de Dios es que será librado y puesto en alto (exaltado, por el Señor).
El clamor a Dios tiene
siempre una respuesta, quizás no necesariamente esta se alinee con ciertas
expectaciones, mas, ciertamente hay respuesta. Y la afirmación, la promesa del
Señor es que estará con su pueblo en el tiempo de la angustia, haciéndonos
entender que angustias habrá. Pero que cuando estas ocurran o cuando se esté atravesando
no lo atravesaremos solos, nuestro Dios está o estará con nosotros. Y la
promesa ciertamente es que seremos librados y glorificados. Saciados de larga
vida (eternidad) y veremos, entenderemos la grandeza de la salvación.
Resumimos:
1. Seremos
librados del lazo del cazador.
2. Dios
nos cubrirá con su poder.
3. Seremos
protegidos con su verdad.
4. El
temor es erradicado por la confianza en el Señor.
5. Los
enemigos caerán sin llegar a los santos.
6. Veremos
la recompensa que el Señor dará a los impíos.
7. El
mal no dominará, ni seremos sobrecogidos por ello.
8. Las
plagas no tendrán parte con nuestra morada.
9. Los
ángeles estarán presentes resguardando al pueblo.
10. Todos
los caminos son guardados por los ángeles.
11. Habrá victoria sobre toda adversidad.
12. El amor puesto en el Señor es liberación.
13. El Señor atenderá al clamor de su pueblo.
14. Habrá angustias, pero el Señor está, estará
con los suyos.
15. Eternidad espera y la revelación de la
complejidad de la
Salvación.
La morada bajo el poder de
Dios, el amparo que se recibe departe de Él es inviolable, la única manera que
esta se altera es si el creyente se remueve o se apartara de la cobertura. Mas,
si allí permanece, no hay nada que lo pudiese separar de las obras maravillosas
que el Señor haría en su vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario