jueves, 3 de septiembre de 2020

¿QUÉ O QUIÉN LO LIMITA?

 

Tenía que cruzar aquel valle para llegar a su destino, no había ningún otro camino para llegar. Varias veces lo había intentado, pero en medio siempre se presentaba aquel gigante que su paso obstruía.

Trató de eludirlo, trató de burlarlo; hizo aquel intento por años sin lograr poder salir. Mientras en sus confines permanecía, todo apacible estaba, jamás el gigante salía de aquel valle, que él tenía que atravesar.

Una mañana decide intentar lo que por años era un rito ya. Empero, en esta salida su determinación era diferente. Quiero salir y lo tengo que lograr, aunque en aquel intento tenga que perecer. Porque no viviré sujeto a una prisión, porque Dios me ha hecho libre y es lo que soy.

No sé de dónde procede ese gigante, no sé por qué se empeña no permitirme salir, Cada intento está presente. Él hará su trabajo de evitarme cruzar, y yo no me detendré hasta morir o aquello lograr.

Los obstáculos están, mas, no son la final autoridad. Ellos no dictan las leyes y mucho menos dueños de mi vida son o serán.

Inicia el camino hacia el valle, ese mañana soleado y tranquilo, llegado al valle busca el encuentro, sin embargo, no hay rasgos del gigante. Se detiene, mira alrededor un tanto temeroso, pero con determinación. Mientras avanza todo luce tan placentero, es de ello salir o en ello quedar. Por años este ha sido el intento y finalmente aquí estoy, tratando de hacer lo imposible para el encuentro con mi verdad. Y mientras camina, nostalgia se avecina, tristeza lo acompaña y felicidad está, empero, un tanto distante. Todo en silencio mira el lugar dejado de lejos, se detiene y expresa, no lo entiendo. Por años he querido hacer esto y no he podido. Ahora libre de lograrlo y heme aquí pensando en lo que estoy abandonando, ya no considerando lo que podré alcanzar.

Cruzar el valle no tenía obstáculos, el gigante solo era mis temores, dudas; y estando en el valle despiertan consideraciones.

¿Debo proseguir o debo retornar? ¿Por qué ahora me acompaña indecisión? Decide regresar, y a su regreso estima aprecio. Ni una onza de rechazo encontró, ni reclamos. Y allí donde siempre estuvo floreció, porque ya no buscaba salida, sino atender todo con el celo apropiado e interés requerido para ver prosperar lo que a su encargo Dios le había entregado.

De lejos le pareció ver una sombra que se alejaba moviendo su mano en despido. Los viejos temores, confusiones, ya en aquella vida no tendrían cabida.

 Proverbios 29:25- El temor del hombre pondrá lazo: Mas el que confía en Jehová será levantado.

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