¿Sobre qué pilares
descansa la positividad? El ser positivo, ¿de qué se alimenta, se nutre
para su existencia?
Hay personas que son
positivas, pero, no son bíblicos; son constructivos, mas, no fundamentados en
ninguna formación de las Sagradas Escrituras.
Cuando se expresa que
se es una persona positiva, lo que allí se declara es que se es real (a los
valores altruistas o aquello al que se han entregado), efectiva, auténtica,
verdadera, seria y objetiva. Empero, todas estas cualidades no se originan de
una vida que vive sujeto o entregado al Señor. La positividad se encuentra o
surge en dirección a aquello en lo que se está comprometido, sea esto bueno o
malo. Con resultados que beneficien a otros o que positivamente se entregaron a
lograr sus objetivos.
No se tiene que estar
en la fe cristiana para ejercer esta capacidad o entrega. Para muchos, parte es
de una práctica filosófica, un marco de pensamiento como su fuente de
conocimiento para su desenvolvimiento.
Tantos hay en la vida
cristiana que hacen uso de esta expresión como si fuese propio de nuestras
creencias. Y en vez de referirse a su fe o creencia en Dios (el cual es posible
que así tristemente sea su base de referencia), hacen uso de la palabra
positivo.
La estimulación de la
positividad puede surgir de cualquier lindero que hace uso de esta práctica
ideológica, ya sea esto de una secta, agrupaciones de cualquier nivel o
práctica. Declaran, soy una persona positiva y voy a triunfar en esto o
aquello, y puede no estar sujeto absolutamente a nada que ordena el Señor.
Esto debería ser
parte de lo que realmente debe de emanar de los labios de todo creyente, si
esta fuese su realidad, el eje de su vida:
· Porque tengo fe o
confianza, no en los recursos que poseo o en la capacidad que hay en mí, empero,
la fe o seguridad está puesta en el Autor de sus días y el único que puede
hacer una realidad de lo que en Él se espera por haber depositado todo en Él.
· Porque le creo a
Dios, todo cuanto declara, promete; porque su vida se rectifica con lo que Él
establece, habrá resultados, se recibirá lo esperado en Él; simple o
complicadamente será. No porque positivamente lo atraje de alguna manera
mística, sino porque su fe, su certeza en lo encomendado al Señor fue
compensado.
El pensamiento
positivo no necesita del Creador. Deténgase a examinar vidas que han ejercitado
el pensamiento positivo y podrá llegar a la conclusión que, lo que allí se
refleja es una reflexión secular que los rige y tiene gran cabida, aceptación,
ya que ellos pudieron llegar en base a su propio esfuerzo y dedicación. Esa es
su filosofía y dedicación a alguna fuerza interna que atrae aquello que buscan.
E igual hay seculares
que hacen uso de la palabra “fe”, sin embargo, no fe en Dios, pero, en sus
propios medios para hacerlos llegar. Lo que realmente deberían estar declarando
es que tengo una total dependencia en mis logros y esfuerzos humanos. Al igual
algunos expresan que tienen “fe” en la humanidad, esto es entre los paganos
(¿Serán ellos solamente?). Muchos jamás pueden hacer uso de la palabra fe en
propiedad, ya que no lo conocen, no lo entienden, y mucho menos en nada puede
asociarse en base a lo que sus vidas representan, su carrera o negocios. Pensamiento
positivo jamás le dará crédito u honra a Dios, converge en el esfuerzo y logro
humano; su argumentación es que, por esta o aquella actitud, se atrajo esto o
aquello.
Para el creyente, es
confesión de fe en lo que el Señor puede hacer, está haciendo y hará entre
ellos en todas las direcciones presentadas y aun suspiradas.
El llamado de Dios
para el creyente es total dependencia de Él.
·
...al que cree todo le
es posible (Marco 9:23).
“...al que cree...” No
en sí mismo y su capacidad, empero, en su Creador. No en un pensamiento
positivo, mas, en un Dios que todo lo puede hacer.
“...todo le es
posible...” Porque Dios compensa esa fe ciega y firme en Él siempre.
·
Su fe en Dios es la certeza de lo que se espera y la convicción o convencimiento
de lo que no se ve (Hebreos 11:1).
Jamás en su capacidad o en mi capacidad independiente de Él, “por mi
pensar he de atraer esto o aquello”. Hay tantos que están cosechando engaños o
decepciones debido a aquello en lo que han confiado o depositado su confianza,
devoción.
·
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con toda tu mente (Mateo 22:37).
Cuando esto es una
realidad en las vidas, nada que establezca Él se desplazará por creencias o
tendencias vanas.
·
Mi Dios pues, suplirá todo lo que os falta conforme
a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4:19).
Nada que acontece en
la vida de un creyente es debido o es a través de un pensamiento positivo, pero,
por su fe arraigada en Él, sí el Soberano Dios que todo lo puede.
·
... y diga el débil fuerte soy (Joel 3:10).
Hay una metamorfosis, trasformación para todo creyente en toda situación que enfrenta, ya que esta declaración es aceptar lo que Dios y sólo Él hace en la vida de todo aquel que le cree y le obedece. De absolutamente nada grande a algo increíble con el sello del Hacedor.
No hay ningún aspecto
de la vida espiritual del hombre que pueda ser fructífero separado del Señor.
La confianza jamás reside en sí o en capacidad que le ha dado, más bien lo que
hará a través de ello.
o …porque yo sé en
quien he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para
aquel día (2 Timoteo 1:12).
Todo creyente es
primeramente “Bíblico” (rigiéndose por lo que establece Dios), y la calidad de
vida positiva que hay en el camino del Señor se reflejará, se hará notorio a
través de todo cuanto se haga y se diga.
Todo se establece, se
abre o permanece cerrado en base a creer a Dios o buscar que se haga su santa
voluntad.
Creer a Dios, el
Soberano, y resignarse o complacerse en su santa voluntad (aquello que se espera,
aquello que no entienda; aquello que ha dicho que no será, que no es el
momento), porque siempre de ello tiene planificado algo especial o que superará
toda expectativa. Trate usted de superar los planes de Dios para su vida, ¿aún
lo está intentando? Pero, ¿Cómo sabría usted lo que tendría si nunca lo esperó
o buscó de Él?
¿Es su Dios sólo poderoso para salvar, empero, no para guardar?
De la siembra de su
Palabra en la vida de todo creyente, de la vida en santidad que a Él se
entrega, del temor santo que a Él se ofrece, surge el bien que se transmite, se
vive; y de aquello lo positivo que del pueblo de Dios se recibe, realmente es
la virtud de lo que el Espíritu de Dios a los suyos brinda.