sábado, 2 de julio de 2022

LO PERDIDO Y EL DON DIVINO (PERDONAR ES UN PRIVILEGIO)

 

Si hiciéramos un desglose o separación en sílabas de la palabra, es como si esta nos presentara o sugiere el siguiente escenario.

a.  “per” (prefijo) – algo perdido, extraviado de la posición o del bien que se tenía; caído en fuertes corrientes imposibles de recobrar. Al fondo de un lugar inaccesible de alcanzar. Aquella deuda tan cuantiosa que no se podría saldar, no dejando un centavo al deudor para continuar en su diaria existencia.

     b. “dón”  (sufijo)– y en medio de aquello que no puede atender o restablecer por sí mismo es alcanzado por un “don inefable”. Aquella liberación de una prisión causada, rescate de una condición provocada, alcance de aquella luz en aquel abismo interminable creado como resultado.

Lo perdido, recibiendo oportunidad. La mano de rescate, la llave en posesión de Aquel que sólo puede liberarnos, el cual nos mira y dispuesto está a concederla, y el cambio está para ser recibido.

Lo perdido aún en el lugar en donde no puede ser encontrado y resuelto, ya que aquello está para ya no ser. Hubo implosión (devastación interna), la explosión se dio lugar; todo en ruinas, valores perdidos, virginidad violada, vidas torcidas y más.

Empero, hay una sola esperanza para liberar, volver a recobrar lo que ya nunca sería; lo inservible y desechado, aquello en escombros tanto interno como externo.

Hay una vía para que todo pueda ser encontrado, para que los trapos de inmundicia sean limpiados, saneados, lavados. Y todo aquello perdido y desechado pueda ser encontrado.

·         ...porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se habría perdido (Mateo 18:11).

Nada puede localizarse en ningún lugar o estado en que no pueda por el Señor ser hallado.

Cuando se ha transgredido alguna ley humana, jurídica, aquél ha abierto las puertas de la prisión, y aun habiendo servido sus años de condena, sobre él permanecerá el estigma, la marca del mal o error en que haya incurrido.

Cuando ha sido una falta entre relaciones o áreas de trabajo, liderazgo, aquella persona ante el cual o las cuales el error o mal fue hecho, disponen del otorgamiento de proceder como a ellos mejor les perezca y con las implicaciones que esta sea.

Podría resultar en un despido laboral, en el retiro de una amistad, una relación o compromiso matrimonial en separación o divorcio, una disociación de cargo.

Y cuando todo aquello ha caído al hondo mar de nuestra existencia e improbabilidad de resolver, si hay un genuino arrepentimiento y entrega al Señor, todo aquello que justamente ha acontecido debido a las faltas y acciones en las que se ha incurrido, se presenta oportunidad aun para aquel que así se decida por el perdón, que no únicamente restaura su vida física brindándole nuevas oportunidades, sin embargo, al igual es librado, encuentra salida de la prisión eterna que sin el perdón de Dios así sería para su alma.

Hay instancias en que el perdón y la exoneración humana no serán encontrados u otorgados. Pero, el más grande y vital para la eternidad lo concede el Señor, mas, ¿cuántos realmente hacen uso de ello? De aquel perdón divino indispensable y vital para toda vida, para que pueda volver al cause en donde siempre debió de estar, para estar en paz o volver a la paz con su Hacedor.

 

El perdón tiene un rostro triste y alegre,

Un sentir de gratitud y de humildad,

Algo obtenido y perdido;

Ya que en algo se incurrió, para recibirlo.

 

Mas, admitido encausa,

Librando del yugo opresor,

Que ahogar quería al caído,

Destruir quiso al vencido.

 

Es haber llegado a la orilla,

Después de haber caído, en mar abierto,

No seguro si se llegaría,

Sin certeza de que recibiría,

Aquella oportunidad deseada.

 

Pero insisten los males,

Las grandes batallas presentes;

¿Quién escucha, recibe, persiste?

¿Librado fue? o

¿Prosigue, en las vertientes de peligro?

 

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