domingo, 15 de julio de 2018

LAS QUEJAS NO RESUELVEN NADA (IMPIDE)




Es más fácil quejarse que alabar a Dios. Es más hacedero decir no puedo que esforzarse. Es tan inmediato renunciar, que no hay que procurarlo, ya que pareciera que allí está, sin siquiera buscarlo. No nos referimos a persistir, sino, el hecho de desistir, el ya no puede o simplemente, no puedo. Pareciera que aquello siempre está al alcance de todos sin el más leve esfuerzo.
Es que el camino de todo lo contrario a lo que realmente debería imperar, no hay que esforzarse en gestionar por ello; empero, aquello que sí implica la métrica debida, cuánto esfuerzo aquello representa y cuánto más el hacerlo realidad. Toma el esforzado, el valeroso, el que ha entendido que el camino fácil implica siempre peligro, y que pérdida en ello siempre será el desenlace de ello.
Si Dios habita en la alabanza de su pueblo, ¿para qué o por qué hacer el intento en ir en otra dirección? Ya que el resultado siempre será el mismo, castigo o decepción.
Es que precisamente esto es lo que continuamente acontece, somos o pertenecemos al pueblo santo, pero, se permite que todo aquello que no debería o no tiene lugar entre los escogidos continúe prevaleciendo y teniendo una voz como si aquello tuviera derecho y tuviese relevancia.
Si las quejas resolvieran, ya todo estaría decidido, porque este es el primer medio que básicamente acuden todos a gestionar su petición para luego vivir en tensión, aflicción y cuantas otras irregularidades que no tienen derecho a una voz, empero, tantos se prestan a abriles la puerta y ofrecerles albergue, que la población ha crecido increíblemente, y los rasgos de su destrucción es inevitable.
Y aunque las quejas no resuelven nada, aunque de ellas no se logre espiritualmente incrementar, es la que tiene más inscritos, más dedicados, y tantos más esperando afiliación. Porque de una manera u otra la tendencia es gravitar hacia aquello que entorpece en vez de evitarlo. Un ejemplo claro de ello es la alimentación, las tendencias en las selecciones o escogencias, de una forma difícil de entender la mayoría erra, y sólo una minoría trata de ajustarse a lo que realmente conviene o beneficia.
Las Sagradas Escrituras deja sentado claramente que el Señor habita entre las alabanzas, que es parte de su morada, sin embargo, aún el pueblo escogido va en dirección contraria. Tratando de resolver lo que sólo Dios puede hacer, para luego en medio del desmoronamiento clamar. Gloria sea al Señor, por su misericordia para con el hombre y su tendencia u obstinación.
Porque Dios está presente en aquello que lo alabe, en aquello que ante Él es reverente, entonces es de esperar que esa sería la dirección a seguir para poder a Él llegar. Empero, se hace un desvío en lamentaciones, quejas, gemidos, llantos; para luego volver al lugar en donde se debió estar para poder permitirle a Él resolver, bendecir, expandir, prosperar.
Si se permanece en el domicilio del Padre, ha de beneficiar a sus hijos, mas, si se ha optado por ir en dirección contraria a donde habita el tres veces Santo, tendrá razones suficientes para eternamente quejarse.
El que alaba a Dios tiene cobertura o estará abrigado de su poder, porque permanece en el lugar en que siempre tiene y tendrá amparo.
Salmo 22:3- Tú empero eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas (todo aquello que lo glorifica y lo exalta a Él) de Israel.




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