lunes, 1 de febrero de 2021

EL DERECHO DE SER O LA POSICIÓN DE NO PERMITIR

La tendencia divisoria del mundo está establecida, arraigada de manera permanente en el hombre, la sociedad, países, gobiernos, potencias.

Aunque sus vidas dependieran de ello, no se logrará la unidad, la renuncia a ignorancias como quién será el primero o quién es el primero, el más poderoso o el líder mundial.

El egoísmo está tan arraigado en las tendencias humanas, que resulta de gran aliento el poder escuchar o ver de algún país un acto desprendido de cualquiera agenda, con el simple hecho de poder cooperar, extender alguna ayuda en lugares en donde urge aquello que ellos podrían aportar u ofrecer.

Comprobado está que no hay condición que permitirá a países unirse como uno para poder afianzar o vencer a un mal que ha estado afectando a todos por igual y que ha estado cobrando vidas de manera indiscriminada en aquellos que pudieron haber sido parte de la respuesta aunado a otros con igual nivel de competitividad u ofrecimiento en el aspecto de poder brindar contestación a la afección que permanece con un alcance mundial con aportes de conocimiento o medicamentos que podría haber puesto u ofrecido un mejor nivel de alivio, algún nivel de inmunidad ante el monstruo ante el cual se está .

Si a través de los años, no ha habido unidad para poder vencer fuerzas opositoras a la libertad o países opresores y con actos de criminalidad. No ha habido unidad para poder tomar los levantamientos de líderes que han sido genocidas, arrolladores a todo cuanto represente derechos humanos, libre voto y postulación, y simplemente liberar a esos países subyugados de ese mal que los ha estado oprimiendo, para algunos desde un largo periodo.

Cuando consideramos aspectos como los que se ha expuesto, no resulta nada sorprendente que la autodestrucción es inevitable, activado en seres abstractos o imprecisos en sus niveles de lo establecido entre el bien y el mal, aquello que aprueban, sostienen; el cual para muchos es su prisión de maldad que los controla y domina.

La unidad mundial para un bien común nunca será.

La unidad mundial para desarticular los gobiernos opresores nunca será.

El bienestar de los pobres con la distribución de las riquezas proveyendo o creando medios para poder hacer que todo hombre pueda vivir dignamente, nunca será.

La desaceleración de las armas nucleares y el impedimento que no sea entre países con comportamientos inestables y radicales, nunca será.

Porque el interés no es lograr cambios, es logras riquezas; el interés es lograr ubicación entre los más poderosos y capaces de poder dar inicio a una guerra de misiles que mientras más poderosas sean, más respeto genera; aún en medio de la miseria, pobreza y opresión que viven los habitantes de esos países infectados por ideologías y odio hacia todo aquello que se opone a lo que ellos han formado.

Este es el mundo en el cual se vive, en el cual habitamos todos, afectados por el vil egoísmo que carcome la existencia de muchos y la prepotencia de tantos que se creen inmortales.

1 Juan 2:17- El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

 

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