La tendencia divisoria del mundo está establecida, arraigada de manera permanente en el hombre, la sociedad, países, gobiernos, potencias.
Aunque sus vidas dependieran de ello, no se logrará la
unidad, la renuncia a ignorancias como quién será el primero o quién es el
primero, el más poderoso o el líder mundial.
El egoísmo está tan arraigado en las tendencias humanas,
que resulta de gran aliento el poder escuchar o ver de algún país un acto
desprendido de cualquiera agenda, con el simple hecho de poder cooperar, extender
alguna ayuda en lugares en donde urge aquello que ellos podrían aportar u
ofrecer.
Comprobado está que no hay condición que permitirá a países
unirse como uno para poder afianzar o vencer a un mal que ha estado afectando a
todos por igual y que ha estado cobrando vidas de manera indiscriminada en
aquellos que pudieron haber sido parte de la respuesta aunado a otros con igual
nivel de competitividad u ofrecimiento en el aspecto de poder brindar contestación
a la afección que permanece con un alcance mundial con aportes de conocimiento
o medicamentos que podría haber puesto u ofrecido un mejor nivel de alivio, algún
nivel de inmunidad ante el monstruo ante el cual se está .
Si a través de los años, no ha habido unidad para poder
vencer fuerzas opositoras a la libertad o países opresores y con actos de criminalidad.
No ha habido unidad para poder tomar los levantamientos de líderes que han sido
genocidas, arrolladores a todo cuanto represente derechos humanos, libre voto y
postulación, y simplemente liberar a esos países subyugados de ese mal que los
ha estado oprimiendo, para algunos desde un largo periodo.
Cuando consideramos aspectos como los que se ha expuesto,
no resulta nada sorprendente que la autodestrucción es inevitable, activado en
seres abstractos o imprecisos en sus niveles de lo establecido entre el bien y
el mal, aquello que aprueban, sostienen; el cual para muchos es su prisión de
maldad que los controla y domina.
La unidad mundial para un bien común nunca será.
La unidad mundial para desarticular los gobiernos opresores
nunca será.
El bienestar de los pobres con la distribución de las
riquezas proveyendo o creando medios para poder hacer que todo hombre pueda
vivir dignamente, nunca será.
La desaceleración de las armas nucleares y el impedimento
que no sea entre países con comportamientos inestables y radicales, nunca será.
Porque el interés no es lograr cambios, es logras riquezas;
el interés es lograr ubicación entre los más poderosos y capaces de poder dar
inicio a una guerra de misiles que mientras más poderosas sean, más respeto
genera; aún en medio de la miseria, pobreza y opresión que viven los habitantes
de esos países infectados por ideologías y odio hacia todo aquello que se opone
a lo que ellos han formado.
Este es el mundo en el cual se vive, en el cual habitamos
todos, afectados por el vil egoísmo que carcome la existencia de muchos y la
prepotencia de tantos que se creen inmortales.
1 Juan 2:17- El mundo
se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece
para siempre.
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