Habiendo tantos medios para resolver, ventilar las
diferencias, muchos han optado por tomar una postura de total insensatez y
darle cabida al ladrón de su paz, tranquilidad.
El camino del enojo es tan dañino, asaltante de
sosiego o reposo, todo aquello que antes estaba para beneficiarlo se ha ido,
porque le ha dado lugar a aquello que, si se hubiese atendido de manera sabia,
no se habría desperdiciado tiempo, salud y relaciones.
Hubo unas hermanas que tuvieron una diferencia en
su juventud, algo en aquel entonces que en su inmadurez cobró enojo y división
entre ellas. Ambas forjaron sus vidas, sin embargo, no se relacionaron,
prevalecía entre ellas aquella diferencia, enojo o ira.
El tiempo tomó su curso sobre ellas, y por
cualquiera que fuese la razón, finalizaron viviendo en una de las casas de sus
padres lo suficientemente grande para ambas. Lo que estas hicieron fe trazar
una línea en medio de aquella casa para mantener a cada cual de su lado.
Lo increíble de esto es que asistían a la iglesia,
en su apreciación estaban cumpliendo con el Señor, mientras aun prevalecía las
viejas recias.
La pregunta que surge en todo esto es, ¿Tuvo algún
valor vivir todos estos años aislados de una vida normal por mantener viejas
rencillas? ¿Pudo ser o estar todo normal en sus vidas con estas indisposiciones
mantenidas? Esto es igual a una persona que habiendo podido eliminar una
espina de la planta de los pies, prefirió atormentarse con ello. Habiendo
podido eliminar esa brusquilla caído en los ojos, permite la irritación
innecesaria.
¿Qué resolvieron aquellas hermanas con aquella
actitud? Absolutamente nada. El viaje más corto de lo que el Señor ha dado el
cual es la vida, cuando menos se espera o alguno se detiene a considerar,
tiempo se ha desvanecido de las manos.
Ellas envejecieron sin cambiar, asidas de la misma
actitud de su juventud. ¿Qué pudo haber sido que ameritase aquello? La
respuesta es absolutamente nada, porque por encima de diferencias u ofensas,
debería ser el vínculo que las unía, pero, para algunos pareciera que no es de
gran valor; mayor valor tiene sus diferencias.
De una manera u otra, Dios permitió que el pastor
de la iglesia al que asistían, las visitara y tratase de resolver aquello de lo
que se había enterado.
Al tratar de entender a que se debía la disputa, la
primera al ser preguntada, aquella no se acordaba. Al hacer de igual manera con
la otra, no podía hacer memoria de la ofensa. Ambas vivían en hostilidad,
distantes por algo que no podían si quiera reconstruir.
Y cuando se percataron de aquello, ambas empezaron
a llorar y apreciar lo insensatas que fueron.
¿Qué puede ser tan ofensivo para desperdiciar
emociones, sentimientos, relaciones?
El enojo tiene un costo alto sobre aquellos que con
ello viven, y para muchos aun con ello mueren.
Cualquiera que fuese el motivo para que algo de esa
naturaleza surgiera, resuelva perdonar o dejar aclarado lo que fuese, empero,
no se priva de vivir en la paz que el Señor le ha brindado.
·
Proverbios
14:17 El que fácilmente se enoja hará
locuras…
Si al camino de ira
se le da total cobertura, alguien en el recorrido será herido, cuando el
objetivo en todo era que se esclareciera la diferencia y se tomase las medidas adecuadas
para no interrumpir la armonía.
¿Cuántas personas por
darle lugar al enojo, a la ira no lo lamentan el día de hoy? ¿Cuántos se han
beneficiado de ese sendero de hostilidad? La respuesta es un definido nadie en
lo absoluto con aquella acción ha mostrado sabiduría.
Que bendición será
cuando con facilidad se aprenda a perdonar, a despedir el enojo o no darle
lugar a que se empodere en su vida.
La inversión en esas acciones representa total pérdida cuando son sostenidas. Ya que siempre habrá diferencias, las vías de ventilar es para solucionar.
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