Nuestro Dios nos juzgará por toda palabra ociosa que hemos emitido.
...Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:36, 37).
Hubo una señora que había reconocido ese mal en que había incurrido, fue hacia su pastor para poder buscar la manera de corregir aquella falta. Le hizo saber que fuera a cada uno de aquellos hogares en que había provocado aquellas ofensas y dejase una pluma de ave frente a cada uno de ellos, y así lo hizo. Al volver hacia la iglesia le informa al pastor que había cumplido con lo se le asignó, lo siguiente que le pidió fue que fuese a recolectarlas todas, al que ella le respondió que le sería imposible ya que el viento los había hecho ir a otros lugares.
Qué poderoso mensaje queda predicado a través de un simple acto y compleja verdad, que le hizo tanto a ella comprender igual que cualquier otro que en este mal ha incurrido e incurre.
- No pueden esperar comentar sobre la tragedia o errores de otros, jamás de una lista de los suyos, es que con ellos mismos son tan benignos, tan considerados. Mas con otros, a estos prefieren herir o si les fuese posible destruir (cuanto se asemejan esos actos al de el enemigo de nuestras almas).
- No pueden esperar criticar y añadir al mal que queda frente a ellos. Cuando “Dios tenga misericordia de estos en... ” debería ser la reacción inmediata. Empero no pueden esperar para la ociosidad (su nivel de crítica y maldad).
- No pueden o no quieren controlar sus lenguas de expresar o decir aquello que emisión no debió haber encontrado salida junto con todos los males que conlleva.
Y ante todo esto, los manifiestos es que no pudieron contenerse, estuvieron molestos, no podía quedarse aquello como transcurría, ellos tenían que... ¿Habrá algo que no se le entregó al Señor, que aún se retiene como si fuera nuestro? Y esa lengua combatiente va sin aprensión, y luego algunos de estos dirían que no tienen el don de evangelizar. Alguien debe hacerles saber que la capacidad está pero mal invertido y por ello no están en la Palabra instruidos. Ese estado de ignorancia en la que se encuentran, en un giro de ciento ochenta grados quedaría para la gloria Dios, porque habría hecho un giro completo dejando atrás aquello a sus espaldas y con su mirada a su Hacedor.
En la apreciación humana hay cabida para todo esto y más, en la espiritual ahóguelo y evite conflictos y juicios con su Dios.
Nos hace detenernos y hacer un alto radical, entendiendo que se tiene que desistir de ese pecado que ha hecho y traído juicio sobre cualquiera que en ello aún habita, pero sobre aquellas vidas que debieron haber recibido de ellos una palabra de exhortación o un clamor por sus almas.
¿Cuánto daño aún permanece debido a palabras emitidas de esto o aquello? Nadie podrá decir que lo hicieron de manera inocente, ya que desde el momento que en ello se incurría se debió haber sentido el veneno y las ráfagas de dardos como el enemigo de nuestras almas, que lanzaba aquél sobre aquella dada situación.
Ante nuestro Señor jamás habrá argumento válido, ya que las secuelas de aquello dicho caminará y retoñará, ya que el mal por cualquier motivo encuentra alguna parcela en donde podrá volver a crecer. Prolongando el daño y aquellos comentarios que posible había acontecido hace el tiempo que haya sido, pero hay aquél que fiel es para proseguir con esa vara en su lengua para continuar golpeando, ese puñal en sus palabras para seguir hiriendo.
Ha observado, ha oído como aún en labios de creyentes se escucha toda aquella ociosidad del mundo como su constante.
Sin embargo esto no se confina a las palabras conforme al prójimo, al igual se extiende hacia cosas que desconocemos, ¿cómo si quiera levantar un comentario que pudiese resultar en una desinformación? Hay tantos que por haber dicho algo que debió ser encaminamiento y por ser de aquellos que simplemente exponen palabras que desarman el gozo, la felicidad de otros; ya que no son buenos administradores de la responsabilidad de aquello que dicen. Para todo esto dice el Señor que se será juzgado.
Cierto es que no hay pecado que el Señor no nos haya perdonado en el momento de nuestra salvación, antes, durante y después; ese es el poder de su increíble obra redentora, salvadora. Pero es importante que entendamos que aquellas palabras que se emiten que están cargadas de todo excepto de crecimiento o bendición para los oyentes, traerá consigo juicio que viene del griego “krisis” que significa haber tomado una decisión, y a consecuencia de aquella errada disposición traerá consigo correcciones de nuestro Dios para con los suyos.
Palabras ociosas, son palabras separadas del propósito, de bendecir, de traerle gloria a Él en lo emitido. Y ya que están separadas de Él, jamás podrá representar un bien, excepto cargado de la degeneración humana en su constante conflicto con el hombre espiritual que ahora se es en Cristo. Esas cosas viejas lo han vuelto a reclamar de su pasado y están tratando de volver a amueblar el nuevo hombre con ellos, el cual es Jesús en nuestras vidas. Se ha ido al desperdicio de nuestra bajeza humana, para herir y afectar sin ningún manifiesto de temor santo o reverencia a su Hacedor. Y ya que no es la obra del Maestro, aquel indisciplinado alumno requerirá corrección del dueño de la manada al que pertenece.
· Toda palabra que no edifica revela su preferencia, ya que allí es en donde debe de estar.
· Toda palabra que no instruye, sino que demoliendo está, revela algo de lo que en lo profundo de su existencia está.
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal (prudencia), para que sepáis cómo debéis responder a cada uno (Colosenses 4:6).
Este es el proceder del creyente desobediente: Las palabras insípidas deben de ofrecerlo el mundo, no uno que testifica que tiene al Señor.
La palabra que se tradujo aquí como “sal”, viene del griego “jàlas” que por supuesto se traduce sal (el condimento), pero que tiene también un sentido figurado que se traduce como “prudencia”. Prudencia abarca o implica cautela, moderación, equilibrio y balance. También significa sensatez, buen juicio. “El Diccionario de la Real Academia Española define prudencia como una virtud que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello”.
La Palabra de Dios nos llama a ser reflexivos, juiciosos, sensatos en todo cuanto hagamos y decimos; ya que esto viene juntamente con el nuevo hombre que en Cristo somos.
Esa lengua desbocada, enlácelo con las Santas Escrituras, renueva su formato, su vocabulario, comentarios y calificativos; el Espíritu de Dios tiene el poder para hacerlo en todo aquél que así lo permita, concédale la autoridad eternamente.