Si juntamente lo que se hace para el Señor recibe algún reconocimiento,
gloria a Dios, si permanece en el anonimato gloria a Dios. Total mis amados, no
es para el aplauso del mundo o de multitudes, es para la gloria de Dios.
En ninguna instancia se está promoviendo el concepto de no apreciar o
valorar lo que cada uno hace para el reino. Pero, lo que se está ventilando es
que, si por alguna razón esto no se concretase entre los allegados, la obra es
para el Señor.
Debido al tema tratado hay algunos que se distancian del camino buscando
reconocimiento de hombre y al no recibirlo se sienten defraudados o no
valorados. La naturaleza humana tiene aquella tendencia.
Aquello tiene su valor, es significativo, todo ser humano desea sentir
que es apreciado, pero no es vital, no debe ser el corazón de lo que hace un
creyente. Cuando se confunde algo vital con algo significativo, se detiene el
curso de las cosas, ya que se trata de encontrar descanso en lo que no brindará
reposo, si aquello no se ha recibido.
Examinemos:
No me dijo gracias, no mostró agradecimiento.
No me consideró, no tuvo ni la cortesía...
No se me invitó, no se me atendió.
No se apreció el esfuerzo, no se valoró.
Todo esto es significativo para la vida, pero no es vital, no es de vida
o muerte. Su pulsación por aquello no se detendrá. Responda al desánimo en ese
mismo instante: “Total, la obra, la
buena acción, la bendición brindada fue para el Señor, y ellos se
beneficiaron”. Humanamente tiene su
significado y aprecio, mas, cuando no hay reciprocidad en una acción, encomiéndeselo
al Señor.
Hay oraciones, clamores, intercesiones que se extienden para aquellos
del que nunca se ha obtenido, recibido un agradecimiento; tiene su lugar de
importancia, pero no es vital. Debido a esto el creyente maduro, anclado en el
Señor, prosigue buscando lugar para mantenerse en la brecha por otros.
Viajes misioneros que Dios utilizó para impactar almas, empero
posiblemente nunca sabrán la gran obra que hizo el Señor en algunas de ellas.
Acaso esto le resta la importancia de aquella obra de aquellos.
Había un pequeño que tenía que participar en una pequeña obra artística en
la iglesia, él era el rey. Cuando finalizó de inmediato quitó la corana, bajó
unos cuantos escalones y volvió a sentarse junto a su madre. No esperó, en la
mente de aquél pequeño habrá dicho, hice lo que se esperaba de mí y ahora a
otro asunto.
En la década de los sesentas había un programa de vaqueros llamado, El
Llanero Solitario. Este hombre enmascarado junto con su amigo el indio, cada
vez que finalizaban de hacer una buena obra, jamás esperaban que se les diera
algo en especial; lo especial lo habían hecho ambos, y sin que aquellos felices
se percataran, ellos se retiraban.
El principio a seguir en todo esto es, que si hay o hubiese algún
reconocimiento por lo hecho, la gloria sea para el Señor. Pero, este detalle se
convierte en tropiezo para algunos y esto es lo que provoca la separación entre
creyentes en ciertas ocasiones.
Lo importante es hacerlo todo como para el Señor, ya que de Él siempre
recibiremos las gracias, las provisiones de su bien, de su bondad.
Seamos:
...hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor
Jesucristo (Hechos 15:26).
Un creyente siempre será y estará expuesto a fuertes pruebas por las
obras que hace para el Señor. Pero seamos sensibles para la voz de Dios, no por
aquello que no recibamos de hombres. Estemos pendientes de aquello que nos
indica el Señor, de ver si recibimos o no ovaciones de los demás. Lo vital es
oír de Él, bien hecho de los labios de nuestro Creador. Todo lo demás es significativo,
tiene su lugar, mas, ¿si no se presentase?
Que jamás esto se convierta en una piedra de tropiezo para su vida espiritual.
Reconocimiento de hombres podrá faltar, empero nunca, una obra para Él, queda
desapercibida.
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