Por tanto, guárdate y guarda tu alma con diligencia, para que no te
olvides de las cosas que tus ojos han visto ni se aparten de tu corazón todos
los días de su vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus
hijos (Deuteronomio 4:9).
“Para que no te olvides”... Porque esta es la tendencia humana, el olvidar aquello que no deben de
apagar. El fuego que Dios inició en nuestras vidas con la presencia de Cristo,
este es el único fuego que hay que mantener en llamas sobre nuestras vidas,
para poder así quemar todo aquello que se levante para hacernos dejar de lado
aquello que jamás debe de ser archivado.
Cuanta tristeza hay cuando escuchamos a alguno que exprese que sabe que
Dios está en contra, pero... yo sé la verdad pero... sé que nunca debí haberme
comprometido pero... Todos los que han o hemos incurrido en cualquiera de estas
áreas pusimos a un lado el Señor (es igual a decir abiertamente: espérame que
te voy a desobedecer).
Porque este hecho puede acontecer en la vida de todo aquél, debido a
esta probabilidad guardase físicamente y guarde su alma con diligencia, tiene
que estar agresivo con esta amenaza que puede ser activada de ser que no se
proceda con cautela y se mantenga avisado, no de otros necesariamente, empero,
de sus propios momentos bajos. Hay tanto que cada creyente ha quedado expuesto,
ya sea esta en su vida, en la vida de otros, el mover y esas maravillosas obras
que ha hecho y continúa haciendo el Señor. Pero esas tendencias humanas puebla
tanto lo interno, que hace perder vista de lo que Dios ha estado haciendo; por
ello las Escrituras del Sabio Dios que entiende que en esto incurrimos, he allí
el imperativo, no se olvide de las cosas que ha visto.
“Que no se aparten de su corazón”. Hay personas que pueden citar con
lujo de detalles cosas que han transcurrido hace 20, 30 años y más, con lujo de
detalles. Sin embargo, cuánto varían
algunos aspectos cuando este abarca solo el bien de Dios (amnesia, corta
memoria, anteposiciones). Cuando son estos hechos que debemos de recrear una y
otra vez en medio de toda circunstancia, debido a que este hecho es una
celebración de aquello que sabemos que el Señor hizo en el pasado e igual puede
hacer en el presente, y cuánto más en el porvenir. Y la impartición de estas
enseñanzas, cuanto más se comparta, continuará bendiciendo vidas, haciendo que
la vida de otros al igual inicien el camino de bendición, confiando y
expectantes al mover del Espíritu de Dios al igual en sus vidas. El mundo
comparte en sus familias, tradiciones, leyendas, costumbres, prejuicios; y
cuantas cosas, algunas nobles, y otras que jamás debieron de ser transmitidas. Mas,
esta es la ignorancia en la que habitan. ¿Cuál es su excusa mi amado tocante a
las obras maravillosas de Dios?
...cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de
Egipto, de casa de servidumbre (Deuteronomio 6:12).
El propósito de este recalcar, de esta insistencia, no es para
mantenerlos atados a su pasado y no disfruten su presente. La finalidad es
acentuarles que en medio de lo que están, es por la gracia y el poder de Dios.
Tienen una deuda eterna y no es con hombre, es con el Soberano Dios. Es a Él
que le deben absolutamente todo, la liberación de su pasado, la libertad en la
hoy están, su provisión, sus posesiones. Y ya que este es el hecho, no deben
olvidar quién es el dueño de todo. Es casi igual a decirles, están habitando
entre cosas alquiladas, el terrateniente, el propietario de todo es el
Todopoderoso Dios. Es que tanto revela
la corta memoria por acciones, el alejamiento de los propósitos del Señor.
Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios
(Salmo 103:2-14).
1. Él es quien perdona tus maldades.
2. Él es quien sana todas tus dolencias.
3. Él es quien recata del hoyo tu vida.
4. Es Él quien te corona de favores y de
misericordias.
5. Es gracias a Él quien ha saciado tu boca de tal
manera que puedas mantenerte y continuar.
6. Es Él el que te imparte justicia, y hace que lo
recibas.
7. Fue Dios el que no hizo con nosotros conforme a
nuestras maldades, y no nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
8. Es Él quien engrandeció su misericordia sobre
los que le temen.
9. Fue Dios quien hizo alejar de nosotros nuestras
rebeliones.
10. Fue el Señor quien tuvo compasión de nosotros,
porque conoce nuestra condición, y se acuerda que somos polvo.
Manténgalo presente en todo momento, retorne a su lista de deuda que
tiene, que tenemos, todo el pueblo de Dios con Él; es Él quien nos ha
favorecido, es gracias a Él que hemos sido bendecidos.
Oración: Padre, gracias por la
deuda que tenemos contigo, una que nunca podremos saldar. Y he aquí lo
maravilloso, nos sigues prestando y prestando de Tu abundante gracia y
misericordia. Ayúdanos en este peregrinaje hacia a Ti, a nunca olvidar aquello
que no podemos saldar, aquella deuda de amor, lealtad, fidelidad, entrega en
cada paso de nuestras humanas existencias. En el nombre de Jesús. Amén
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