Por el amor al dinero, por la sed del poder, por la
avaricia; ¿Dónde han quedado sus marionetas? ¿En qué condición se encuentran
hoy aquellos títeres?
Al inicio para aquellos dados a estos males y
destrucciones, todo pareciera sencillo, hasta cierto punto para ellos inocente.
Pero, cuando llega el momento para enfrentar las consecuencias de sus malas
decisiones, todas las excusas y redefiniciones de aquello que estuvo en su
haber e hicieron, ahora reniegan cualquier vínculo con los males y daños que
allí surgieron y lograron perjuicio a tantos, que ahora argumentan su
desconocimiento de tales atropellos y atrocidades. La inocencia y la ofensa
forma parte de su alegato ante las acusaciones.
Aquel que por amor al dinero vendió su integridad, y
su preferencia afectando su cargo de ejercer cualquiera que fuese su función
con el mayor empeño e interés por el beneficio de los demás, al igual que por
la suya propia, y estos terminan con las sentencias que para algunos no les
pesa en su conciencia (así para algunos pareciera).
El que en su cargo de liderazgo abusó e hizo tanto
que cuelgan a su alrededor por más que trate de ignorarlo, la injusticia que
sembró para con otros, lo alcanzará sin lugar a dudas, traduciéndose en
cualquier forma en que Dios juzgará aquello.
Por la avaricia, países abusados en las arcas por
hombres elegidos para hacer cumplir la ley y ellos lo transgreden. Para
sostener los derechos y lo traicionan. Para beneficiar a los más empobrecidos y
lo ignoran.
Es que el interés desviado en desmedida en algún
cargo, posición, puede ser destructivo, puede ser nocivo.
Para aquel dado al enriquecimiento ilícito, llegará
su día de vergüenza. Por más poder que se posea, esta se despedirá en algún
momento de su vida, ¿Y luego qué?
Tantos que anteriormente estaban en un status, una
trayectoria, nombramientos increíbles o grandemente remunerados, para luego
haber sido sorprendidos y acusados de cuantos cargos por su deshonestidad, enriquecimiento
ilícito, abuso de funciones, de obligación.
Cuando entereza, integridad u honestidad, formación
o valores cristianos no forman parte de su crecimiento o proceso evolutivo;
solo será cuestión de tiempo, antes de que aquella elección o posición dé
inicio a revelar lo que realmente reside dentro de aquella persona.
Una y otra vez, este mal se percibe o se descubre,
en cualquier y en todas partes; posiciones, cargos, funciones. Y lamentables es
que, aunque tantos quedan expuestos al castigo que luego los alcanza, otros
bajo el efecto o atracción del mismo mal se une en la misma maldecida
condición.
Lo dice la Palabra y así ciertamente es: Porque la raíz de todos los
males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron
de la fe y se torturaron con muchos dolores (1Timoteo 6:10).
La riqueza no es el problema, es
lo que el hombre hace para la obtención de ella. La codicia es un mal que no abandona
a sus cautivos hasta que estos no estén en condición de continuar con sus
fechorías para gratificarla. Cuántos por darle lugar a la desmedida entrega por
riquezas hoy no yacen en prisiones o en ese estado de vergüenza que los
acompaña por haber quedado al descubierto y sus actividades deshonestas.
La desmedida en las cosas
materiales es el anuncio o la señal de peligro en donde inevitablemente se
tendrá graves consecuencias, que con la ayuda de Dios (reverencia a Él),
ciertamente, se puede evitar (eludir), porque todo se podrá ventilar de manera
juiciosa, cabal y mecida.