Una forma o una expresión bastante fuerte, pero propio de la forma en
que se hacía referencia a los gentiles, paganos... “...guardaos de los perros...”
Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los
que mutilan el cuerpo (Filipenses 3:2).
La voz activa, violenta es para todo el pueblo de Dios, como quedó
registrado en la carta a los Filipenses o los de Filipo, para los redimidos,
“guardaos”, cuídense, estén advertidos, no dejen de permanecer en posición de
alerta, están al asecho y muchos son alcanzados por ellos, mordidos o devorado
por ellos.
a. Perro en Apocalipsis 22:15, habla del
malvado.
b. Perro en Salmo 59:6, habla de enemigo.
c. Perro en Marco 7:27, habla del gentil.
d. Perro en Mateo 15:26, habla de personas
despreciables.
Esta voz y este calificativo siempre representarán peligro, advertencia.
Guardaos de lo inmundo, lo
despreciable (Mateo 7:6).
Al igual la carta a los Filipenses hace referencia de guardarse de los
malos obreros, habían y hay aquellos que se mutilaban sus cuerpos por sus
prácticas paganas (1 Reyes 18:28). Deténgase considere todo cuanto se está
desarrollando en el mundo artístico, y verá estas prácticas paganas en sus
propios hogares, en lo que hoy califican como entretenimiento.
El pueblo de Dios son los que en Espíritu servimos al Señor y nos
gloriamos en Cristo Jesús. La implicación de este hecho es atendiendo el
espíritu, y este logro solo puede adquirirse no permitiendo que la no carne
dirija o los deseos, empero lo establecido por el Hacedor.
Todo creyente si lleva a cabo un inventario personal, a estas alturas ya
sea inicial o avanzado en su caminar con Cristo, ya se percatará o se habrá
percatado que la carne jamás glorificará al Señor si no se antepone o es
sobrecogida por el Espíritu de Dios, esto es caminando y avanzando en los
preceptos del Señor.
Gloriarse en la carne siempre será un camino en la cual no se ha
entronado al Señor en aquella trayectoria. Es volver a una tendencia del cual
ya se ha sido librado y el cual se tiene que continuar negando que vuelva a
ocupar un lugar en nuestras vidas, no permitiendo que el perro vuelva a ladrar
y mucho menos vuelva a morder.
Pero, cuando se camina en el camino trazado por Cristo, todo aquello que
se tenía en gran estima, cobra menor importancia, es considerado irrelevante
con tal de adquirir la excelencia del conocimiento de Cristo (Filipenses 3:7).
Aquella comida de perro que proveía las falsas creencias que las tendencias
pecaminosas de nuestra naturaleza ofrecen y el enemigo de nuestras almas.
Todo en la carne pierde su valor, es considerado como desperdicio, para
adquirir o ganar, crecer en Cristo.
El pueblo de Dios no se basa en su propia justicia, sino aquella que se
adquiere por nuestra fe y conocimiento de Cristo, esta justicia es la que
procede de Dios y se basa en la fe; esto es el vivir del creyente, por fe y por
fe.
El creyente no solo reconoce y entiende que ha llegado, logrado,
alcanzado gracias al Señor, si no que al igual es su forma de expresión verbal
antes de una enunciación.
Hay perros externos y hay perros internos de la vieja naturaleza que
desea volver a ladrar y morder no solo a otros, mas, a tu propia existencia ya
que al poder escapar de su confinamiento contra su propia habitación se va a
volcar. Sólo Cristo, controla esa bestia interna, esa maldecida condición que
te mantuvo sujetado no a hechos que honraban a Dios, empero, que te mantenía a
un borde de caer en el infierno.
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