El mundo será y está siendo
azotado por grandes inclemencias, amenazas. Terremotos, grandes inundaciones,
volcanes activos incrementando el potencial de desplazamientos que podrían verter
en una gran fatalidad. Lugares en donde las pasadas tormentas han dejado sus huellas
como zonas devastadas por una guerra, haciendo retroceder aquellos sectores en
comodidades, bienes, que son propias del tiempo en que se vive. Pero ahora, viéndose
forzados a retroceder y con la ayuda de Dios volver a recoger de los escombros
lo rescatable para volver a estructurar algo en el presente.
Ha sido un evento tras el
otro, en un abrir y cerrar de ojos, vidas en su función normal son detenidos
sin importar su estatura social, su educación, fama o fortuna; la calamidad llegó
y dejó su catástrofe o devastación. Todos de una manera u otra han sido
afectados directa o indirectamente. Todo aquello que parecía tan relevante unos
minutos antes de lo sucedido, han que dado suspendidos, para algunos hasta olvidados,
porque cuando se atraviesa una dura experiencia y aún se permanece en ella, las
prioridades se alteran; y todo aquello que parecía tan relevante, han perdido
por el momento aquel centro de importancia que ocupaba.
Cuando el hombre queda
expuesto a lo frágil que es, cuando encara la impotencia ante eventos que no
tiene control, no tiene autoridad, esto le debe dejar ante la realidad de lo
limitado que como ser humano se es, y quizá para algunos por vez primera
considerar al que sí es el Soberano, el que tiene y tendrá toda autoridad. Es de
esperar que el Señor tuvo muchas peticiones, clamores de muchos que aquello los
arrojó a Èl, al que todo lo puede y todo lo hace.
Ente los diarios aconteceres
tanto un pueblo creyente como el ateo, el incrédulo están expuestos a los
mismos aconteceres, mas, no con los mismos resultados. Ya que uno se siente perdido y acorralado,
empero el otro conoce y entiende que el Autor de sus días no permitirá que nada
alcance su existencia sin que Èl lo permita con una razón de ser, propósito que
siempre para el creyente revertirá en su beneficio, lo bendecirá.
Aunque aconteciese algo o
cuando se presentaran aquellos casos o situaciones que no se entienda e igual
que no se esperaba, hay una certeza que para aquél que se ha apropiado de ello
puede declarar: Aunque tuviese que atravesar, aunque estoy atravesando, cuando
atraviese aquellos valles en que solo pueda apreciar sombras y peligros de muerte,
sé que no estoy solo, el Señor lo ha prometido. Èl me librará o guardará, es lo
que ha declarado. Y aunque en mi humana naturaleza haya tenido que estar expuesto
a aquello del cual ya lo había advertido para los últimos tiempos, ¿de qué podría
quejarse uno que milita en fe? Porque el creyente sabe que es real, porque ya
lo han visto obrar, permitirán y buscaran de aquel aliento que su Espíritu
infunde a su pueblo ser el poder que los sostenga y haga salir airosos a través
de Èl en todo cuanto tengan o estén enfrentando.
Salmo 23:4- Aunque ande en
valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás con migo,
Tu vara y callado me infundirán aliento.
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