Sería inconcebible creer que, en el pueblo de Dios, se osara alguno a
hacer obras para el Señor por rivalidad o competencia. Sin embargo, está
ocurriendo. Pablo en la carta a los filipenses hace saber que aquello estaba
acaeciendo en el seno mismo de la iglesia.
No queremos ubicar un país en especial, porque es el error y la práctica
levantada que se desea señalar. Muchos obreros o pastores están desatendiendo
el llamado y la visión que el Señor les había dado tocante a lo que Él espera
que ellos cubran. Pero, muchos están en una carrera de demostrar que tienen una
iglesia o ministerio creciente.
Empero, si la obra es de Dios, el llamado lo hace Dios, la unción lo da
el Señor, la sabiduría procede de Él, los dones lo distribuye el Espíritu
Santo, ¿para qué los celos, rivalidades y competencias? ¿Están compitiendo
sobre el Espíritu del Señor? ¿Puede acaso un Espíritu de rivalidad y
competencia proceder del trono de Dios?
Y gloria a Dios, porque en medio de todas estas irregularidades no
guiadas en lo absoluto por un celo santo, el Señor logrará pescas de almas
porque la Palabra es impartida.
Aquél tiene el ministerio radial en tantas emisoras y el otro se levanta
con tantas más en el mundo entero. Televisado en... y el otro se endeuda y hace
igual. Aquel es invitado aquí y allá, y el otro busca como puede ser igualmente
demandado para predicar.
El Señor llamó a predicar el Evangelio, a pastorear una iglesia, a velar
por el bienestar de aquellos que están a su cargo e influenciar a todos cuanto
pueda dentro de aquella comunidad.
No es el tamaño del edificio, es quién está a cargo de lo que acontece
dentro de ello; si aquel tiene una mega iglesia, el otro no está satisfecho con
la mini iglesia. Mis amados el Señor no ha llamado a su pueblo a estar perdidos
y afectados por cosas que nada tiene que ver con el Evangelio, empero por
distracción del llamado.
Algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad, pero otros lo hacen
de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por rivalidad, no sinceramente...
(Filipenses 1:15,16).
Y aun en la no sinceridad de aquellos, el Señor por su Palabra quedan
salvos e iluminados siendo removidos a un Templo realmente consagrado a la
gloria de Dios.
Pero, entre la feligresía o congregación también algunos respiran ese
contaminado aire y la envidia, rivalidad, y la no sinceridad.
Todo es por el poder de Dios que actúa en nosotros. Algunos construirán
iglesias (propiedad de Dios), otros predicarán en ellas (instrumentos de Dios),
otros enseñaran (sabiduría de Dios), otros el Señor usará con grandes señales y
maravillas (dones de Dios). Mas, todo es para Él, impartido por Él. Entonces, ¿Por qué las irregularidades?
En Él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo par ser un templo
santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para
morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2:22).
Cuando el cuerpo de Cristo va bien coordinado por nuestro Salvador, todo
va creciendo y el edificio en construcción coordinado por el Señor, y vosotros
también serán edificados para morada de Dios en el Espíritu. De esta manera no
habrá lugar para envidias, rivalidades, la no sinceridad; porque la morada de
Dios en el Espíritu no le dará lugar.
¿Cuándo predicas a Cristo por envidia y rivalidad? Mis amados, cuando
prediquemos de Cristo que sea por nuestra profundad gratitud a Él.
Gloria a Dios en donde aquellos, que cuando predican sobre el Salvador
lo hacen de su total gratitud, y entrega al Señor.
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