Es más fácil quejarse que
alabar a Dios. Es más hacedero decir no puedo que esforzarse. Es tan inmediato
renunciar, que no hay que procurarlo, ya que pareciera que allí está, sin
siquiera buscarlo. No nos referimos a persistir, sino, el hecho de desistir, el
ya no puede o simplemente, no puedo. Pareciera que aquello siempre está al
alcance de todos sin el más leve esfuerzo.
Es que el camino de todo lo
contrario a lo que realmente debería imperar, no hay que esforzarse en
gestionar por ello; empero, aquello que sí implica la métrica debida, cuánto
esfuerzo aquello representa y cuánto más el hacerlo realidad. Toma el
esforzado, el valeroso, el que ha entendido que el camino fácil implica siempre
peligro, y que pérdida en ello siempre será el desenlace de ello.
Si Dios habita en la alabanza
de su pueblo, ¿para qué o por qué hacer el intento en ir en otra dirección? Ya que
el resultado siempre será el mismo, castigo o decepción.
Es que precisamente esto es lo
que continuamente acontece, somos o pertenecemos al pueblo santo, pero, se
permite que todo aquello que no debería o no tiene lugar entre los escogidos
continúe prevaleciendo y teniendo una voz como si aquello tuviera derecho y
tuviese relevancia.
Si las quejas resolvieran, ya
todo estaría decidido, porque este es el primer medio que básicamente acuden
todos a gestionar su petición para luego vivir en tensión, aflicción y cuantas
otras irregularidades que no tienen derecho a una voz, empero, tantos se
prestan a abriles la puerta y ofrecerles albergue, que la población ha crecido
increíblemente, y los rasgos de su destrucción es inevitable.
Y aunque las quejas no
resuelven nada, aunque de ellas no se logre espiritualmente incrementar, es la
que tiene más inscritos, más dedicados, y tantos más esperando afiliación. Porque
de una manera u otra la tendencia es gravitar hacia aquello que entorpece en
vez de evitarlo. Un ejemplo claro de ello es la alimentación, las tendencias en
las selecciones o escogencias, de una forma difícil de entender la mayoría
erra, y sólo una minoría trata de ajustarse a lo que realmente conviene o
beneficia.
Las Sagradas Escrituras deja
sentado claramente que el Señor habita entre las alabanzas, que es parte de su
morada, sin embargo, aún el pueblo escogido va en dirección contraria. Tratando
de resolver lo que sólo Dios puede hacer, para luego en medio del desmoronamiento
clamar. Gloria sea al Señor, por su misericordia para con el hombre y su tendencia
u obstinación.
Porque Dios está presente en
aquello que lo alabe, en aquello que ante Él es reverente, entonces es de
esperar que esa sería la dirección a seguir para poder a Él llegar. Empero, se
hace un desvío en lamentaciones, quejas, gemidos, llantos; para luego volver al
lugar en donde se debió estar para poder permitirle a Él resolver, bendecir,
expandir, prosperar.
Si se permanece en el
domicilio del Padre, ha de beneficiar a sus hijos, mas, si se ha optado por ir
en dirección contraria a donde habita el tres veces Santo, tendrá razones suficientes
para eternamente quejarse.
El que alaba a Dios tiene
cobertura o estará abrigado de su poder, porque permanece en el lugar en que
siempre tiene y tendrá amparo.
Salmo 22:3- Tú empero
eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas (todo aquello que lo glorifica y
lo exalta a Él) de Israel.